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La terapia de la depresión en niños y adolescentes con los fármacos de última generación ha sido cuestionada desde hace algunos años por el posible riesgo autodestructivo. Sin embargo, los psiquiatras creen que hay que espantar al fantasma del miedo y llevar a cabo una vigilancia más exhaustiva.
Todos los antidepresivos de la clase de los Inhibidores Selectivos de la Recaptación de la Serotonina (ISRS), 11 antiepilépticos, un fármaco para la obesidad y el tabaquismo y otro para dejar de fumar engrosan la lista de medicamentos que están bajo estricta vigilancia de las autoridades sanitarias por el posible riesgo de que su uso provoque ideas e intentos de suicidio. Aunque este peligro fue observado en un primer momento en productos destinados a tratar trastornos mentales, todo parece indicar que la alerta se extenderá muy pronto a moléculas farmacológicas para enfermedades muy diversas como, por ejemplo, la incontinencia urinaria. La agencia estadounidense del medicamento (FDA, sus siglas en inglés) ha encomendado a los laboratorios farmacéuticos que vigilen en los ensayos clínicos de nuevos compuestos las conductas autodestructivas. De esta forma se podrá disponer de mejores herramientas para determinar el verdadero alcance del peligro y evitar alarmas innecesarias. Hasta hace poco tiempo, los estudios sólo evaluaban los efectos adversos relacionados, entre otros, con el riesgo cardiovascular o con el daño hepático. Los problemas psiquiátricos apenas han sido objeto de análisis, a pesar de que se sabe que incluso cambios muy pequeños en la química de nuestro cerebro pueden tener importantes efectos sobre el comportamiento. Por otro lado, puesto que la principal preocupación se ha centrado en la administración de antidepresivos a niños y jóvenes, los expertos consideran que resultaría de gran utilidad que se llevasen a cabo más estudios específicos en estos grupos de población. El año 2003 marcó un punto de inflexión en la consideración del riesgo de suicidio asociado al consumo de determinados fármacos. Las alertas lanzadas por las agencias del medicamento de EEUU y Europa pusieron en guardia a los profesionales sanitarios y a los padres de niños y adolescentes con depresión. La revisión de los ensayos clínicos realizados con medicamentos de última generación (los denominados Inhibidores Selectivos de la Recaptación de Serotonina o ISRS) reveló que los chavales que habían consumido estos productos tenían una probabilidad dos veces superior de tener pensamientos o comportamientos suicidas. En los años siguientes se redujo la prescripción de medicamentos para la depresión en menores y se inició un intenso debate entre quienes sostenían que era necesario un replanteamiento de la terapia en los pacientes más jóvenes y los expertos que aseguraban que se había exagerado el riesgo de autolesiones y alarmado en exceso a la población. En los últimos meses, el asunto se ha complicado un poco más con la incorporación de nuevos 'sospechosos': Acomplia (cuyo principio activo es el rimonabant y actúa frente a la obesidad y el tabaquismo) y Chantix (vareniclina, empleado también para dejar de fumar). Ambos medicamentos han sido relacionados con un mayor riesgo de depresión y suicidio y el primero fue rechazado por la agencia estadounidense del medicamento (FDA), aunque ha recibido el visto bueno de su homóloga europea, la EMEA. Además, a finales del año pasado las autoridades estadounidenses ampliaron las advertencias sobre antidepresivos al grupo de población que va desde los 18 a los 24 años. Finalmente, a principios de febrero del año actual las autoridades del otro lado del charco dieron a conocer los resultados de un nuevo análisis de ensayos clínicos, esta vez referido al tratamiento con antiepilépticos. Nuevamente se observó un ligero aumento de las tendencias autolesivas en los pacientes que recibieron uno de los 11 productos de esta clase que fueron estudiados en comparación con los enfermos tratados con un placebo (sustancia inactiva). ANTIEPILÉPTICOS
Los organismos reguladores están teniendo mucho cuidado de emplear los términos adecuados para advertir a la población y en ningún momento han indicado que el peligro sea alto. Sin embargo, la palabra suicidio aparece cada vez en más contextos. ¿Cuál será el próximo medicamento asociado a fallecimientos autoinfligidos? A tenor de las intenciones manifestadas por la FDA, todo apunta a que el debate se extenderá a las moléculas farmacológicas destinadas a tratar enfermedades de muy diversa índole como, por ejemplo, la incontinencia urinaria. La agencia ha encomendado a los laboratorios que vigilen las posibles conductas suicidas de los pacientes que participan en los ensayos clínicos. Esta decisión se fundamenta en que el riesgo de efectos adversos psiquiátricos no ha recibido toda la atención que merecía. Además, es sabido que los pequeños cambios que producen determinados fármacos en la química de nuestro organismo pueden tener importantes repercusiones en el comportamiento. Por lo tanto, la advertencia más contundente de las autoridades de ambos lados del océano Atlántico, que es la que se refiere a los antidepresivos, parece tener sólidas bases. Sin embargo, no existe consenso al respecto entre la comunidad científica. Es cierto que durante las primeras semanas de tratamiento se registraron más pensamientos autodestructivos en niños y jóvenes que tomaron fármacos del tipo de los ISRS, pero, tal y como señala María Jesús Mardomingo, jefa de la Sección de Psiquiatría y Psicología Infantil del Hospital Gregorio Marañón de Madrid, en los ensayos clínicos que fueron revisados "no se registró ningún suicidio". Por otro lado, "la metodología de esos trabajos no iba encaminada a estudiar este aspecto", recalca la experta. Celso Arango, jefe de la Unidad de Adolescentes del mismo hospital y vicesecretario de la Sociedad Española de Psiquiatría Biológica, añade que el peligro «ya se había visto en adultos desde el punto de vista clínico». De hecho, una de las primeras cosas que aprenden los médicos en formación es que la administración de productos contra la depresión puede producir, en un primer momento, una activación y agitación que se manifiesta antes de que mejore su estado de ánimo, lo que les puede llevar a poner en práctica ideas de suicidio preexistentes. |